Según un estudio de EMSA, la captura de carbono a bordo podría reducir hasta un 44% las emisiones WtW de los buques

La Agencia Europea de Seguridad Marítima (EMSA) estima que los sistemas de captura y almacenamiento de carbono a bordo (OCCS, por sus siglas en inglés) podrían reducir las emisiones ‘del pozo a la estela’ (Well-to-Wake, WtW) de los buques entre el 29% y el 44%. En su estudio, publicado el 13 de febrero de 2026, la Agencia añade que, en combinación con biocombustibles, la reducción podría alcanzar “hasta el 120%” considerando el ciclo de vida completo.

Los sistemas OCCS tienen un gran potencial para reducir de forma significativa las emisiones del transporte marítimo. Sin embargo, este ahorro de emisiones viene acompañado de un sobrecoste energético que el informe sitúa entre un 9% y un 30%, que implica un mayor consumo de combustible para generar la energía necesaria para capturar, acondicionar y almacenar el CO₂. EMSA también identifica otros impactos ambientales que deben tenerse en cuenta, como la degradación de disolventes o la gestión de los residuos, aspectos que condicionan el diseño del sistema y los procedimientos de operación.

El estudio analiza los distintas sistemas de captura de carbono disponibles en la actualidad (precombustión, postcombustión, oxicombustión, entre otros) y su grado de madurez tecnológica. La vía más madura es la postcombustión por absorción química, con tasas de captura del 30% al 90% según los resultados analizados. El informe contabiliza más de 15 proyectos piloto e instalaciones de absorción química. Otras opciones, como el uso de membranas, captura criogénica o mineralización aparecen como alternativas potenciales, pero con menor nivel de madurez tecnológica. Los métodos precombustión, como el reformado de GNL o la pirólisis, elevan la complejidad técnica y exigen integración con sistemas de propulsión basados en hidrógeno.

Desde la perspectiva económica, EMSA apunta que los buques de nueva construcción preparados para la introducción de sistemas OCCS presentan costes de abatimiento inferiores a los proyectos de reformado, que se ven penalizados por la complejidad de integración y por un mayor impacto en consumo. Aunque la inversión inicial es alta, el estudio señala que la competitividad de estas soluciones dependerá en gran medida de la evolución del precio del carbono, un factor que puede mejorar su rentabilidad a medio y largo plazo a medida que aumenten los costes de los derechos de emisión y la tecnología madure.

La agencia subraya, además, que el despliegue a gran escala depende de una cadena de valor CCUS (Carbon Capture Usage and Storage) operativa: la existencia de una infraestructura portuaria para la descarga de CO₂ licuado (LCO₂), redes de transporte y almacenamiento permanente. En materia de seguridad, las evaluaciones de riesgo indican que los sistemas de OCCS pueden operar dentro de umbrales aceptables mediante la clasificación de áreas peligrosas y formación de tripulaciones. Aun así, EMSA advierte de lagunas regulatorias que requerirán coordinación internacional para evitar marcos normativos fragmentados.

ANAVE

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