A fecha de hoy, el Puerto de Algeciras y las empresas que componen AESBA continúan sumidos en una situación de abandono administrativo difícil de justificar en uno de los enclaves estratégicos más importantes del sistema portuario español y del tráfico marítimo internacional.
Pese al tiempo transcurrido y a las reiteradas advertencias trasladadas por AESBA, nada ha cambiado en los asuntos clave que lastran gravemente la competitividad, la seguridad marítima y la operativa diaria en la Bahía de Algeciras.
Los meses pasan y nada cambia en cuanto a la inacción prolongada en los mismos asuntos demandados hace años por AESBA a la DGMM con el agravante del cierre de la Capitanía Marítima de Algeciras durante meses.
En primer lugar, la modificación del Real Decreto 269/2022 de 12 de abril, por el que se regulan los títulos profesionales y de competencia de la Marina Mercante, sigue completamente bloqueada. Una normativa que, tal y como está redactada, continúa impidiendo de facto que numerosos profesionales puedan acumular días de mar en embarcaciones auxiliares, poniendo en grave riesgo el relevo generacional, la empleabilidad y la propia continuidad operativa de servicios esenciales vinculados al puerto. Cuatro años después, el problema no solo persiste, sino que se agrava cada día más.
En segundo lugar, hasta la presente no se ha aplicado la reducción del periodo de preaviso de 48 horas para las operaciones fuera de límites (OPLs), a pesar de que el Reglamento de Ordenación de la Navegación Marítima (ROMN), en vigor desde el 15 de agosto de 2025, concede expresamente a la Capitanía Marítima la potestad para reducir dicho preaviso. Esta falta de aplicación práctica mantiene a Algeciras en clara desventaja frente a puertos competidores que operan con mayor flexibilidad, agilidad y capacidad de respuesta con pérdidas de facturación millonarias para el sector (Consignatarias, embarcaciones de servicio, provisionistas, taxistas, hoteles, empresas de reparaciones y un largo etcétera).
A ello se suma el estancamiento absoluto del proyecto del fondeadero exterior, una infraestructura considerada estratégica no solo para mejorar la eficiencia operativa del Estrecho, sino también para reforzar la seguridad marítima y reducir los riesgos medioambientales derivados de la navegación a la deriva -drifting- y la congestión de buques en zonas no reguladas. Tras años de tramitación y alegaciones, el proyecto permanece paralizado sin calendario, sin decisiones y sin explicaciones que al menos AESBA tenga constancia.
Pero la situación alcanza su punto más crítico y porqué no decirlo, Kafkiana, con un hecho inédito e inadmisible: el cierre prolongado, aún sin fecha de reapertura con atención a los usuarios del 100% que se conozca, de la Capitanía Marítima de Algeciras. Un puerto de primera magnitud que ha carecido de atención administrativa presencial propia y que ha obligado a empresas, tripulaciones, profesionales y distintos usuarios a desplazarse al Distrito de Tarifa para cualquier gestión documental que requiriera presencia física durante meses sin estar a día de la fecha la Capitanía de Algeciras operando al 100% con atención presencial. Esta anomalía ha generado sobrecostes, retrasos, pérdida de eficiencia y una carga adicional injustificada para un sector que ya opera bajo una elevada presión normativa y competitiva.
Resulta incomprensible que en la llamada “autopista marítima del Estrecho”, uno de los pasos más transitados del planeta, se tolere durante meses una situación que en cualquier otro gran puerto del Estado se habría resuelto de manera inmediata.
¿El Puerto de Algeciras no es una prioridad?. Quizás sea esta la única pregunta que genere que las decisiones se aplacen, los expedientes se enquisten y los problemas se cronifiquen, mientras la actividad, el empleo y la seguridad marítima se ven directamente afectados y con esto la reputación del Puerto y su comunidad portuaria.
Por todo ello, desde AESBA se exige una reacción urgente y real, no más promesas ni compromisos vacíos ni buenas palabras. Algeciras no puede seguir siendo el gran olvidado, ni pagar el precio de una inacción administrativa prolongada que amenaza con erosionar de forma irreversible su posición estratégica, su tejido empresarial y su capacidad operativa.
El tiempo del silencio y de la espera se terminó.
Algeciras necesita decisiones. Y las necesita ya.
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